No se y Todo Trabaja para el Bien

Hermana, sí se puede aplicar el Curso de Milagros. Ahí te va, ¿eh? Empecemos por el “no sé”. No sé.

No entiendo el propósito de nada. No sé. No entiendo el propósito de por qué mi papá se comporta como se comporta.

Voy a hablar ahora de mis padres, ¿vale? No entiendo el propósito de nada. No entiendo por qué mi mamá se comporta como se comporta. No entiendo el propósito de nada.

No sé. Elijo ver esto con los ojos de Dios. Elijo paz en lugar de eso.

Ah, ahora viene lo bueno, Esther. Ahora viene lo bueno. Ahí te va, Esther, ¿eh? Ahí te va.

¿Qué es elegir paz en lugar de eso? Ahí te va, comadre. Ahí te va. Hay dos formas de ver el Curso de Milagros.

La primera es de labios hacia afuera, ¿vale? Esto es de labios hacia afuera. Lo que acabo de decir, decirlo y volver a mi resentimiento, a mi ira, a mi enojo, a mi resistencia, a mi ego, ¿vale? Esa es la primera forma de trabajar el Curso de Milagros: de labios hacia afuera.

Y te voy a decir algo. Yo conozco a muchas personas que están tomando el Curso de Milagros a la ligera y que, cuando el divino Maestro nos dice: “Haz la lección de esta manera”, me la paso por el arco del triunfo y digo: “No, voy a hacer mi voluntad”.

Híjole, híjole. Ah, canijo. Eso, eso.

Es lo mismo, es exactamente lo mismo que cuando vas con el doctor y le dices: “Doctor, me duele mucho la panza”. Y luego ya te hace el análisis y te dice: “No, pues tiene que operarse, tiene apendicitis y, si no, se va a morir”. Y tú dices: “No, yo quiero hacer mi voluntad. Yo voy a curarme como yo quiera”. ¿Y qué va a pasar? Pues que te vas a morir. Así de fácil.

Porque la apendicitis es una enfermedad muy fuerte que, si no la atiendes, te mueres. Es exactamente lo mismo, pero un poquito diferente, con el Curso de Milagros. Porque no nos morimos de inmediato, sino que nos morimos poquito a poquito.

Con resentimiento empezamos a segregar cortisol, adrenalina. Nuestra vida empieza a ser un caos porque no estoy presente, estoy en la mente, estoy repasando lo que pasó y lo que podría pasar. Me siento agobiado, me siento triste, me siento vacío, me siento sin propósito, me siento mal.

Me siento peor cada día, me siento deprimido. Eso es lo que sucede y por eso digo que estoy muerto en vida. ¿Qué pasa al contrario? ¿Qué pasa cuando le hago caso al divino Maestro? Y vámonos poco a poco.

No sé. ¿Qué es el “no sé”? El “no sé” para mí es lo mismo que decir: “Diosito, hágase tu voluntad”. Eso es decir no sé.

No es: “Diosito, hágase tu voluntad ya que no quieres hacer la mía”. No. Es rendición total a la voluntad divina. Y hay una oración que mi maestra Magali me enseñó y te la paso al costo, por si quieres decirla.

Y no nada más decirla, sino sentirla, hacerla tuya desde el corazón, desde la experiencia directa de estas palabras:

Bendigo la voluntad de Dios en mí y bendigo la voluntad de Dios en todos mis hermanos, incluyendo a mi papá. Bendigo la voluntad de Dios en mí y bendigo la voluntad de Dios en todos mis hermanos.

El Curso de Milagros sí funciona, hermana. Solo necesitamos tomárnoslo en serio. Te voy a decir cómo es tomármelo en serio.

Si la frase dice “no sé”, es decir no sé en serio, no hacer historias. O sea, el “no sé”, que viene siendo lo mismo que decir “no entiendo el propósito de nada”, es una lección. La lección dice así: no entiendo el propósito de nada porque todavía no reconoces que todo trabaja para tu beneficio.

El día que reconozcas que todo trabaja para tu beneficio, entonces podrás decir que sabes el propósito de todo. Pero, mientras tanto, sigue repitiendo no sé.

Entonces, decir “no sé” de labios hacia afuera es decir “no sé” o “no entiendo el propósito de nada”, pero volver a la antigua forma de pensar, que es hacer historias.

Eso no es aplicar el Curso de Milagros. El Curso de Milagros funciona cuando yo soy congruente con las lecciones, con el texto, con el Manual del Maestro. Cuando lo aplico desde la congruencia, no desde “voy a decirles a mis hermanos que aplico el Curso de Milagros”, pero va a ser una máscara.

Voy a hacer la máscara espiritualosa de que yo aplico el Curso de Milagros, que yo sé todas las lecciones, pero ¿de qué sirve saber las lecciones de memoria si no las aplicas? Es como arar y arar, pero nunca sembrar.

Ahora vamos a la siguiente lección: elijo ver esto con los ojos de Dios.

¿Cómo puedo yo tener los ojos de Dios si yo no elijo paz? A ver, ¿cómo puedo yo ver las cosas con los ojos de Dios si yo no soy congruente con mi paz, con la paz de Dios? ¿Cómo voy a poder ver a mi papá o, en mi caso, a mi mamá, con la cual tengo un conflicto todavía, si yo no hago mi ritual de paz todos los días y a todas horas?

Porque esto no es como que nada más en la mañana y luego ya me olvido de la paz. No. Es orar sin cesar, en todo momento, en todo lugar, a todas horas, día y noche; incluso dormido, incluso soñando, puedo seguir ascendiendo, puedo seguir orando para mantener el ego a raya.

Entonces, si te das cuenta, esto del Curso de Milagros es bien poderoso si se aplica, si se practica; no si nada más me lo sé de memoria y lo digo de labios hacia afuera.

Y te hablo a ti para escucharme, Ernesto, por supuesto. Yo a veces me distraigo, yo a veces no aplico el Curso de Milagros, yo a veces cometo errores, como cualquier ser humano. Pero te voy a decir algo que me dijo mi maestra Magali, por si todavía no se te graba. Esto lo he dicho ya muchas veces, pero lo voy a volver a repetir: la culpa no existe, solo existen errores, y los errores son corregibles en este instante santo.

Es la única forma como puedes corregir el error, porque el error no ha estado afuera. Tu mamá —perdón, mi mamá— y tu papá nunca han hecho nada malo.

Lo único que ha hecho que perciba erróneamente a mi mamá y a tu papá, en tu caso, es mi mente condicionada. Son los juicios de valor, los prejuicios, los programas, las creencias, los traumas que no he limpiado. Todas esas memorias inconscientes producen que yo perciba desde el miedo a mi mamá y desde el miedo a tu papá.

Entonces, el Curso de Milagros nos invita todo el tiempo a decir: elijo paz en lugar de eso.

Como está haciendo la señora de mi lado, que está barriendo: barrer la mente todos los días con oraciones. Y ahí te van más oraciones, por si quieres tener ahora sí que un buffet de medicinas para el ego. Cierra tus ojos y hagámoslo juntos, yo con mi mamá y tú con tu papá.

Gracias, Espíritu Santo, porque siempre estás conmigo.
Gracias, Espíritu Santo, por enseñarme a percibir con amor.
Gracias, Espíritu Santo, por enseñarme a estar presente.
Gracias, Espíritu Santo, por enseñarme a perdonarme.

Perdono esto y lo veo de otra forma.
Elijo ver esto con los ojos de Dios.
Por encima de todo, quiero ver esto de otra manera.
Elijo paz en lugar de eso.
Rindo lo que queda de mí a Dios.

Bendigo la voluntad de Dios en mí y bendigo la voluntad de Dios en mi madre, en mi padre, en mi esposa, en mi hijo y en todos mis hermanos.

Dios me ama.
Descanso en Dios.

 

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